La noticia
que elegí para analizar, apareció publicada el sábado 2 de junio del 2012 en el
Diario Jornada de Trelew.
Este artículo es por demás elocuente respecto al análisis
que estamos haciendo sobre la perversión que se presentan en determinados
momentos en las organizaciones que tan magistralmente las expone Jorge Etkin.
Es importante indicar que no existen organizaciones
perversas, sino que existen situaciones o procesos que son destructivos para
las organizaciones, produciendo una perversión en las mismas.
Nadie podría indicar que la Marina Argentina es una
organización perversa en sí misma; pero la situación que estamos analizando
tiene una fuerte ligazón a la perversión de algunos de sus componentes.
En el
estudio de la perversidad en las organizaciones sociales, hablaremos de la
ética como las razones del deber ser, de los mandatos que se autojustifican
porque llevan las razones en sí mismos y no requieren ser demostrados para
exigir su cumplimiento.
La ética
se basa en el concepto de imperativos categóricos o universales. Un imperativo
en un concepto a priori, que expresa un deber, una ley moral. Se trata de un
deber de virtud que estás fuera de toda condición o interés externo, porque
vale por sí mismo.
El
contenido de la perversidad, la desviación concreta, la define el observador
externo. Formula una definición heterónoma, es decir que confronta la acción o
la situación concreta con un principio, mandato o valor que a los efectos de su
evaluación toma como referencia de lo justo, lo bueno o lo verdadero.
Respecto al
artículo periodístico, se puede conocer el argumento en el cuál se construyó al
defensa de los Marinos acusados de realizar acciones de espionaje ilegales, ya
que el abogado defensor indicó que sus clientes “cumplieron las ordenes” de sus
superiores.
Etkin
remarca en su libro “La Doble Moral de las Organizaciones” que se producen dos
desviaciones en el plano de lo ético. “La primera, el relativismo. La segunda,
el autoritarismo. En el primer caso se observa un estado de confusión moral. La
idea dominante es que no hay afirmaciones que sean objetivamente válidas. Lleva
a pensar que sólo es verdad aquello que sirve.
En cuanto
a la ética autoritaria su mandamiento es que si algo es bueno para la empresa,
también lo es para el integrante, incapaz de saber qué es lo bueno para sí
mismo”.
Sobre
este último punto me detengo ya que es muy interesante lo que expresa Etkin con
los argumentos de la Defensa de los Marinos. Por un lado los integrantes de esa
organización militar no lograron discernir que las órdenes de sus superiores
colisionaba con las libertades individuales de los ciudadanos que espiaban de
manera ilegal y que por ende, se convertía en una orden inmoral.
Por otro
lado, el espionaje ilegal era considerado como “positivo” por las autoridades
que lo habían ordenado y por los propios marinos ya que estaban convencidos que
de esa manera podían “prevenir” algunas cuestiones que ocurrían en esos
momentos en Chubut.
Indudablemente
que los marinos acusados de espionaje ilegal nunca pudieron comprender que no
eran éticas ni morales las órdenes que recibían ya que lo ético es un imperativo,
pero no una coacción. Supone una voluntad de los actores de hacer el bien en
libertad y la moral implica una contextualización y se refiere
fundamentalmente, a ciertos valores, usos y costumbres en la comunidad. A
través de la moral en las organizaciones se busca la adhesión.
En este
aspecto la organización, es decir la Marina, antepuso su propia conveniencia
con lo que en definitiva es la manera correcta de hacer las cosas.
Evidentemente
podemos indicar que estamos ante una funcionalidad de las decisiones que
tomaron algunos integrantes de la Marina, alejándose de las razones morales y
poniendo sus acciones al servicio de una racionalidad finalista.
Brian Jeansalle
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