El (anti) código de ética del empleado público.
- El horario de atención al público se inicia después del desayuno.
- Lo importante: el chisme nuestro de cada día.
- Si no tiene nombre es mio.
- No miraré al contribuyente a los ojos.
- “No se” y “no se puede” serán las respuestas de cabecera.
- Siempre habrá otra persona dispuesta a atender el teléfono
- Todo se puede dejar para mañana.
- Si hay mucha gente en el mostrador, es hora de salir a fumar.
- Si faltan diez minutos para cerrar, ya no tiene sentido atender más gente.
- El horario de salida se espera junto al reloj.
La pluma observadora de Gasalla satirizó al empleado público con su personaje de Flora, de la misma manera que lo hiciera Aldo
Camarotta sintetizando la burocracia del estado con “el trámite del arbolito” (sólo para mayores!).
De una u otra manera, la ética del
empleado se pone a prueba cada día, en cada una de sus actitudes frente a sus
pares, sus jefes o quienes necesitan de su atención. Y si bien nos reímos frente a los personajes
estereotipados de la pantalla, también nos encontramos en los mostradores
frente a estos personajes que muestran lo peor de cada uno de ellos (y de
nosotros?)
Maria Alicia Sacks
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