martes, 4 de marzo de 2014

Eso que tu callas...

                


Sobre la noticia…
(pueden leerla completa, haciendo click aquí)
               
Para quienes no están interiorizados, bastará decir (aunque luego les pediré que lo olviden) que la NSA, es una agencia de inteligencia, administrada por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, que se ocupa de lo relacionado con la seguridad de la información. Sus objetivos manifiestos son mantener y proteger la seguridad de la información privada gubernamental y recopilar la información sobre comunicaciones extranjeras que el gobierno considere relevantes.

Snowden, un ex empleado de una empresa que brindaba servicios a esta agencia, reveló una serie de documentos que permitieron conocer la forma en que este organismo realiza esas tareas y, posteriormente, el presidente de los Estados Unidos anunció una serie de medidas destinadas a “transparentar” el funcionamiento del organismo.

Aunque puede resultarnos una tarea difícil, les propongo que tratemos de olvidar, al menos por unos instantes, una serie de preguntas que pueden generarse a partir de esta noticia y muchas otras relacionadas con el tema como: ¿es verdad que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos espía masivamente a los ciudadanos americanos?, ¿es cierto que la NSA espía a líderes y ciudadanos extranjeros?, ¿es lícito inmiscuirse en la vida privada de una persona?, ¿es éticamente correcto?, ¿es necesario para evitar el terrorismo? Y todas aquellas preguntas que centren su atención en Snowden, este análisis no intentará responder si es un héroe, un traidor, un asesino, un ladrón, un espía ruso o un fundamentalista.

Todas esas preguntas, pesé a estar íntimamente ligadas a la ética, quedarán para otro debate.

Mi intención es hablar de ética y comunicación, no importa si se trata de “espiar” al presidente de un país o a un ciudadano que utiliza el Google Maps, si se trata de hacer público un balance o comunicar las decisiones surgidas a partir de una reunión a los integrantes de una organización, lo importante en este punto es iniciar el debate acerca de lo que las organizaciones callan.


En varias partes de la noticia que genera esta entrada, se transcriben dichos del presidente de los Estados Unidos. Según esta fuente, Obama dice: "No basta que yo como presidente tenga confianza en estos programas, también la opinión pública estadounidense debe tenerla" (y aunque tomando como base las actividades del organismo al que hace referencia yo agregaría que sería necesario que el mundo la tenga), esta frase puede servirnos como un puntapié inicial al tema que nos aqueja.

Como se dijo anteriormente, no estamos abriendo un juicio de valor acerca de las acciones que lleva adelanta la NSA, lo que nos interesa discutir es cuan ético es que esas acciones sean o no conocidas por sus miembros y por la sociedad en su conjunto.

¿Quienes deberían tener información acerca de las acciones que esta organización lleva adelante? Parece que Obama, conoce la respuesta a esta pregunta cuando informa, según esta nota, que “ha dado instrucciones para que las agencias de inteligencia trabajen de forma más transparente” y que “la NSA deberá crear un puesto a tiempo completo para una persona encargada de cuestiones de privacidad y libertades civiles, así como de proporcionar información al público sobre las actividades de la agencia” o que “en aras de esa mayor ´transparencia´, la comunidad de inteligencia del país creará además una página web para ´explicarle al mundo lo que hace y lo que no hace, cómo lleva a cabo sus misiones y por qué´”, mientras comunica “ la creación de un grupo de expertos ´independiente´ que deberá revisar las tecnologías y técnicas de vigilancia para ´asegurar que no se cometen abusos´”.

Nuevamente les pido que dejen de lado su opinión acerca de la veracidad de estas declaraciones o a las circunstancias que llevaron a las mismas, para acompañarme en este análisis que trata de hacer visible el hecho de que hablar de ética de la comunicación en las organizaciones no se limita a pensar en lo que las organizaciones dicen.

¿Qué es la transparencia?

¿Cuanto sabemos acerca de las organizaciones que nos rodean?

¿Qué es necesario saber?

¿Cuánto queremos saber?

¿Cuánto se nos permite saber?

¿Quién decide cual es la información que es importante transmitir y la que es conveniente ocultar?

De qué dependerá la respuesta a esas preguntas: ¿tendremos que tener en cuenta el tipo de organización que estemos analizando, sus objetivos, los destinatarios de sus acciones, la forma en que estas pueden afectar a la sociedad en su conjunto?

Pero las preguntas no terminan aquí, porque la comunicación externa de la organizaciones sólo una arista de la problemática que podemos observar en esta noticia.

Refiriéndose al comportamiento de Snowden, Obama afirmó que “había ´otras formas´ de actuar para ´alguien que por conciencia piensa que tiene que cuestionar las acciones de su gobierno´ sin provocar sospechas sobre una vigilancia indiscriminada por parte de las agencias estadounidenses”

¿Pero cuáles hubieran sido esas “otras formas”?

La primer opción con que nos encontramos, como miembros de una organización, es acompañar las decisiones tomadas por nuestros superiores en forma acrítica.

En una entrada anterior, escrita por Brian Jeansalle, se hace referencia a un juicio por espionaje ilegal donde los acusados son juzgados justamente por acompañar las decisiones de la organización sin realizar ningún tipo de planteo al respecto.

La segunda alternativa, puede ser comunicar nuestro desacuerdo y negarnos a realizar determinada acción, pero ¿existían espacios dentro de la organización para plantear un desacuerdo u objeción o cualquier tipo de comentario al respecto hubiera significado un despido inmediato?

Una tercera opción, puede ser dejar de pertenecer a la organización, renunciar.

Sin embargo, esta salida nos puede llevar a un nuevo dilema moral. Si conozco información acerca del desarrollo de una actividad que considero puede perjudicar a otros y no digo nada, ¿no soy, aunque sea en parte, responsable de sus consecuencias?

Esto nos lleva a las próximas alternativas, denunciar el accionar de la organización en la justicia o denunciarlo públicamente. Está última parece haber sido la opción de Snowden quien, según una noticia del diario Página 12 titulada “Mi misión está cumplida” afirma: “No estoy intentando destruir a Estados Unidos; trabajo para mejorar la NSA", y agrega: "No pretendía cambiar la sociedad sino que quise darle a la sociedad la oportunidad de decidir si debía cambiarse a sí misma", tomando como su “deber” el compartir la información que la organización en la que trabajaba mantenía oculta.

Una respuesta para nuestras preguntas 
(y otras muchas preguntas que es necesario realizar)

                                “(…) la ética individual hoy nos parece insuficiente para resolver los problemas de nuestra convivencia, y que también el derecho ha mostrado sus límites:
las éticas aplicadas a los distintos campos devienen una necesidad social.”
Adela Cortina
“El estatuto de la ética aplicada.
Hermenéutica crítica de las actividades humanas”

Al empezar esta entrada, les pedí que dejaran de lado ciertos “detalles” de la noticia, como que sus protagonistas son la NSA o el presidente de los Estados Unidos, y aunque a lo largo del análisis precedente, he utilizado, en varias ocasiones, citas textuales de la misma para ejemplificar ciertas cuestiones, vuelvo a pedirles que me sigan en este intento de encontrar la manera de determinar cuál es la información que las organizaciones no “deben” ocultar y a quien.

Extrapolando los lineamientos que nos propone Adela Cortina, en la publicación anteriormente citada, al tema que nos aqueja, sería posible contestar a estas preguntas siguiendo los siguientes pasos:

“1) Determinar claramente el fin específico, el bien interno por el que cobra su sentido y legitimidad social.

2) Averiguar cuáles son los medios adecuados para producir ese bien en una sociedad moderna.

3) Indagar qué virtudes y valores es preciso incorporar para alcanzar el bien interno.

4) Descubrir cuáles son los valores de la moral cívica de la sociedad en la que se inscribe y qué derechos reconoce esa sociedad a las personas.

5) Averiguar qué valores de justicia exige realizar en ese ámbito el principio de la ética del discurso, propio de una moral critica universal, que permite poner en cuestión normas vigentes.

6) Dejar las tomas de decisión en manos de los afectados que, con la ayuda de instrumentos de asesoría, ponderarán las consecuencias sirviéndose de criterios tomados de distintas tradiciones éticas.”

Este recorrido, propuesto a modo de conclusión por Cortina como la manera de diseñar una ética aplicada para cada actividad, puede ser una manera (seguramente no la única, espero sus comentarios al respecto), de determinar, desde la ética aplicada a la comunicación de las organizaciones, cuál es la información que las organizaciones deben compartir y con quien.

Cada organización es única. Única por sus objetivos, su organización interna, sus integrantes, el contexto en que se desarrolla… Única y difícilmente repetible, por eso, establecer generalidades puede ser una tarea complicada.

Sin embargo, si conocemos cuál es el fin específico de la organización, cuales son los medios más adecuados para alcanzarlo y que valores es preciso incorporar para hacerlo, relacionamos esos aspectos con los valores de “la moral cívica de la sociedad” y con los derechos que esta otorga a sus integrantes, sin perder de vista que  ”sólo son válidas aquellas normas de acción con las que podrían estar de acuerdo todos los posibles afectados como participantes en un discurso práctico”[i] e incorporando a los posibles afectados en nuestro análisis, estaremos más cerca de encontrar las respuestas a  estas preguntas.

Bibliografía:
Adela Cortina. “El estatuto de la ética aplicada. Hermenéutica crítica de las actividades humanas”. Isegoría. Enlace web: http://isegoria.revistas.csic.es/index.php/isegoria/article/viewArticle/228

Entrada escrita por Natalia Giorgetti




[i] Habermas (1992) “Facticidad y validez” citado por Adela Cortina en “El estatuto de la ética aplicada. Hermenéutica crítica de las actividades humanas”

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