Sobre la noticia…
(pueden leerla completa, haciendo click aquí)
Para
quienes no están interiorizados, bastará decir (aunque luego les pediré que lo
olviden) que la NSA, es una agencia de inteligencia, administrada por el
Departamento de Defensa de los Estados Unidos, que se ocupa de lo relacionado
con la seguridad de la información. Sus
objetivos manifiestos son mantener y proteger la seguridad de la información privada
gubernamental y recopilar la información sobre comunicaciones extranjeras que
el gobierno considere relevantes.
Snowden,
un ex empleado de una empresa que brindaba servicios a esta agencia, reveló una
serie de documentos que permitieron conocer la forma en que este organismo
realiza esas tareas y, posteriormente, el presidente de los Estados Unidos
anunció una serie de medidas destinadas a “transparentar” el funcionamiento del
organismo.
Aunque
puede resultarnos una tarea difícil, les propongo que tratemos de olvidar, al
menos por unos instantes, una serie de preguntas que pueden generarse a partir
de esta noticia y muchas otras relacionadas con el tema como: ¿es verdad que la
Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos espía masivamente a los ciudadanos
americanos?, ¿es cierto que la NSA espía a líderes y ciudadanos extranjeros?, ¿es
lícito inmiscuirse en la vida privada de una persona?, ¿es éticamente correcto?,
¿es necesario para evitar el terrorismo? Y todas aquellas preguntas que centren
su atención en Snowden, este análisis no intentará responder si es un héroe, un
traidor, un asesino, un ladrón, un espía ruso o un fundamentalista.
Mi
intención es hablar de ética y comunicación, no importa si se trata de “espiar”
al presidente de un país o a un ciudadano que utiliza el Google Maps, si se
trata de hacer público un balance o comunicar las decisiones surgidas a partir
de una reunión a los integrantes de una organización, lo importante en este
punto es iniciar el debate acerca de lo que las organizaciones callan.
En
varias partes de la noticia que genera esta entrada, se transcriben dichos del
presidente de los Estados Unidos. Según esta fuente, Obama dice: "No
basta que yo como presidente tenga confianza en estos programas, también la
opinión pública estadounidense debe tenerla" (y aunque tomando como base las actividades del organismo al que
hace referencia yo agregaría que sería necesario que el mundo la tenga), esta
frase puede servirnos como un puntapié inicial al tema que nos aqueja.
Como
se dijo anteriormente, no estamos abriendo un juicio de valor acerca de las
acciones que lleva adelanta la NSA, lo que nos interesa discutir es cuan ético
es que esas acciones sean o no conocidas por sus miembros y por la sociedad en
su conjunto.
¿Quienes
deberían tener información acerca de las acciones que esta organización lleva
adelante? Parece que Obama, conoce la respuesta a esta pregunta cuando informa,
según esta nota, que “ha dado instrucciones para que las agencias
de inteligencia trabajen de forma más transparente” y que
“la NSA deberá crear un puesto a tiempo completo para una persona encargada de
cuestiones de privacidad y libertades civiles, así como de proporcionar
información al público sobre las actividades de la agencia” o que “en
aras de esa mayor ´transparencia´, la comunidad de inteligencia del país creará
además una página web para ´explicarle al mundo lo que hace y lo que no hace,
cómo lleva a cabo sus misiones y por qué´”, mientras comunica “ la
creación de un grupo de expertos ´independiente´ que deberá revisar las
tecnologías y técnicas de vigilancia para ´asegurar que no se cometen abusos´”.
Nuevamente
les pido que dejen de lado su opinión acerca de la veracidad de estas
declaraciones o a las circunstancias que llevaron a las mismas, para
acompañarme en este análisis que trata de hacer visible el hecho de que hablar
de ética de la comunicación en las organizaciones no se limita a pensar en lo
que las organizaciones dicen.
¿Qué
es la transparencia?
¿Cuanto
sabemos acerca de las organizaciones que nos rodean?
¿Qué
es necesario saber?
¿Cuánto
queremos saber?
¿Cuánto
se nos permite saber?
¿Quién
decide cual es la información que es importante transmitir y la que es
conveniente ocultar?
De
qué dependerá la respuesta a esas preguntas: ¿tendremos que tener en cuenta el
tipo de organización que estemos analizando, sus objetivos, los destinatarios
de sus acciones, la forma en que estas pueden afectar a la sociedad en su
conjunto?
Pero
las preguntas no terminan aquí, porque la comunicación externa de la organizaciones
sólo una arista de la problemática que podemos observar en esta noticia.
Refiriéndose
al comportamiento de Snowden, Obama afirmó que “había ´otras formas´ de actuar
para ´alguien que por conciencia piensa que tiene que cuestionar las acciones
de su gobierno´ sin provocar sospechas sobre una vigilancia indiscriminada por
parte de las agencias estadounidenses”
¿Pero
cuáles hubieran sido esas “otras formas”?
La
primer opción con que nos encontramos, como miembros de una organización, es acompañar
las decisiones tomadas por nuestros superiores en forma acrítica.
En
una entrada anterior, escrita por Brian Jeansalle, se hace referencia a un
juicio por espionaje ilegal donde los acusados son juzgados justamente por
acompañar las decisiones de la organización sin realizar ningún tipo de planteo
al respecto.
La
segunda alternativa, puede ser comunicar nuestro desacuerdo y negarnos a
realizar determinada acción, pero ¿existían espacios dentro de la organización
para plantear un desacuerdo u objeción o cualquier tipo de comentario al
respecto hubiera significado un despido inmediato?
Una
tercera opción, puede ser dejar de pertenecer a la organización, renunciar.
Sin
embargo, esta salida nos puede llevar a un nuevo dilema moral. Si conozco
información acerca del desarrollo de una actividad que considero puede
perjudicar a otros y no digo nada, ¿no soy, aunque sea en parte, responsable de
sus consecuencias?
Esto
nos lleva a las próximas alternativas, denunciar el accionar de la organización
en la justicia o denunciarlo públicamente. Está última parece haber sido la
opción de Snowden quien, según una noticia del diario Página 12 titulada “Mi misión está cumplida” afirma: “No estoy intentando destruir a Estados
Unidos; trabajo para mejorar la NSA", y agrega: "No pretendía cambiar la sociedad sino
que quise darle a la sociedad la oportunidad de decidir si debía cambiarse a sí
misma", tomando como su “deber” el compartir la información que la
organización en la que trabajaba mantenía oculta.
Una respuesta para
nuestras preguntas
(y otras muchas preguntas que es necesario realizar)
“(…) la ética individual hoy nos parece insuficiente
para resolver los problemas de nuestra convivencia, y que también el derecho ha
mostrado sus límites:
las éticas aplicadas a los distintos campos devienen una
necesidad social.”
Adela Cortina
“El estatuto de la ética aplicada.
Hermenéutica crítica de
las actividades humanas”
Al
empezar esta entrada, les pedí que dejaran de lado ciertos “detalles” de la
noticia, como que sus protagonistas son la NSA o el presidente de los Estados
Unidos, y aunque a lo largo del análisis precedente, he utilizado, en varias
ocasiones, citas textuales de la misma para ejemplificar ciertas cuestiones, vuelvo
a pedirles que me sigan en este intento de encontrar la manera de determinar
cuál es la información que las organizaciones no “deben” ocultar y a quien.
Extrapolando
los lineamientos que nos propone Adela Cortina, en la publicación anteriormente
citada, al tema que nos aqueja, sería posible contestar a estas preguntas
siguiendo los siguientes pasos:
“1) Determinar claramente el fin
específico, el bien interno por el que cobra su sentido y legitimidad social.
2) Averiguar cuáles son los medios adecuados para producir ese bien en una
sociedad moderna.
3) Indagar qué virtudes y valores es preciso incorporar para alcanzar
el bien interno.
4) Descubrir cuáles son los valores de la moral cívica de la sociedad
en la que se inscribe y qué derechos reconoce esa sociedad a las personas.
5) Averiguar qué valores de justicia exige realizar en ese ámbito el
principio de la ética del discurso, propio de una moral critica universal, que
permite poner en cuestión normas vigentes.
6) Dejar las tomas de decisión en manos de los afectados que, con la ayuda
de instrumentos de asesoría, ponderarán las consecuencias sirviéndose de
criterios tomados de distintas tradiciones éticas.”
Este
recorrido, propuesto a modo de conclusión por Cortina como la manera de diseñar
una ética aplicada para cada actividad, puede ser una manera (seguramente no la
única, espero sus comentarios al respecto), de determinar, desde la ética
aplicada a la comunicación de las organizaciones, cuál es la información que
las organizaciones deben compartir y con quien.
Cada
organización es única. Única por sus objetivos, su organización interna, sus
integrantes, el contexto en que se desarrolla… Única y difícilmente repetible,
por eso, establecer generalidades puede ser una tarea complicada.
Sin
embargo, si conocemos cuál es el fin específico de la organización, cuales son
los medios más adecuados para alcanzarlo y
que valores es preciso incorporar para hacerlo, relacionamos esos aspectos con
los valores de “la moral cívica de la
sociedad” y con los derechos que esta otorga a sus integrantes, sin perder
de vista que ”sólo son válidas aquellas normas de acción con las que podrían estar
de acuerdo todos los posibles afectados como participantes en un discurso
práctico”[i]
e incorporando a los posibles afectados
en nuestro análisis, estaremos más cerca de encontrar las respuestas a estas preguntas.
Bibliografía:
Adela Cortina. “El estatuto de la
ética aplicada. Hermenéutica crítica de las actividades humanas”. Isegoría.
Enlace web: http://isegoria.revistas.csic.es/index.php/isegoria/article/viewArticle/228
[i]
Habermas (1992) “Facticidad y validez” citado por Adela Cortina en “El estatuto
de la ética aplicada. Hermenéutica crítica de las actividades humanas”

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