martes, 4 de marzo de 2014

Información ¡CONFIDENCIAL!



“Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.”
Ernest Hemingway (1896-1961) Escritor estadounidense.

En la entrada anterior, hablábamos de aquellas cosas que las organizaciones no “deberían” mantener ocultas, como otra cara de la misma moneda, esta publicación pretende mostrar que hay ocasiones en que mantener cierta información a resguardo es, desde la ética, la opción más adecuada.


Más allá del estereotipo que indica que las mujeres no podemos guardar secretos, esta viñeta de Quino nos anima a pensar en el valor del silencio.

Quizás puede resultarnos fácil entender que los periodistas, médicos, psicólogos, contadores o abogados, no compartan cierta información acerca de sus fuentes, pacientes o clientes: ¿Cuán ético sería que un psicólogo, en una reunión de amigos, cuente como su paciente llora desconsolado porque no puede superar la pérdida de un ser querido?
                
Del mismo modo, quizás podamos entender que las empresas guarden celosamente sus manuales de procedimiento, los avances de una investigación o la fórmula “secreta” de la Coca Cola y al preguntarnos si se correcto que un empleado de una compañía, al ser contratado por otra, se lleve consigo las instrucciones para fabricar determinado producto, surja rápidamente un no como respuesta.

¿Pero qué ocurre cuando pensamos en las organizaciones sin fines de lucro? Quizás sea correcto suponer que si lo que estas buscan es el bien común, pueden compartir las estrategias que permitieron que una campaña determinada sea un éxito, aunque no estén obligadas a hacerlo.
                
Hasta aquí, parece que la conclusión adecuada sería pensar que la información confidencial dependerá de los objetivos de la organización y en como esa información se relaciones con estos, sin embargo, hay ocasiones en que no es tan sencillo determinar cuál es la información que las organizaciones no deben compartir:

¿Está bien que un voluntario de una organización sin fines de lucro comparta con otra los teléfonos de los donantes de la misma?
                
¿Es correcto que una empresa mantenga oculto que el ingrediente secreto de sus preparaciones puede resultar perjudicial para la salud?
                
¿Es ético, por ejemplo, que una organización de ayuda a las víctimas de violencia doméstica, publiqué un listado de las personas que se acercaron a la misma a buscar ayuda?
                
Determinar cuál es la información que la organización no “debería” divulgar  puede ser una tarea que requiera de un análisis reflexivo, en el que se deben tener en cuenta una serie de factores que nunca se presentan de manera aislada, por lo que no debemos perder de vista que el mismo nunca se centrará en uno sólo de esos factores.               

Entrada escrita por Natalia Giorgetti

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